Sal y Luz

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.”
Mateo 5:13-14.

 

Estamos rodeados de un mundo perverso que cada día quiere consumirnos más y más. Un mundo que quiere hacernos partícipes de sus estándares y que quiere persuadirnos de que son normales y aceptables las cosas desagradables que suceden a nuestro alrededor. Es un mundo inicuo que llama “bueno” a las cosas que son malas, y le dice “malo” a lo que es bueno. Un mundo donde la gente abandona y vende sus principios, ideales y morales para quedar bien con los demás o para preservar un beneficio económico o material.  Un mundo que te hace creer que lo malo que haces es normal porque el resto del mundo lo está haciendo.

En el mensaje del Evangelio vemos claramente como Jesús nos enseña que tenemos que ser la “sal de la tierra” y “la luz del mundo”. En pocas palabras, el Señor nos está llamando a ser la diferencia.

No solamente leemos esto, sino que podemos ver como estas palabras se cumplieron en la forma de vida que llevó nuestro Señor Jesucristo y podemos analizar como Su vida fue completamente diferente a lo que el resto del mundo estaba acostumbrado.

Cristo vino a darnos un modelo de vida que ahora nosotros como cristianos tenemos que seguir y llevar a la práctica. Dios nos ha llamado a ser diferentes para mostrarle al mundo que se puede vivir una vida santa que le agrade a Dios y que no esté mezclada con lo profano, que ya no somos los mismos de antes ni pensamos como antes y que hemos propuesto en nuestros corazones vivir para y servirle a Él.

Parte de la decisión de ser un cristiano es comprender que tenemos que defender lo que sabemos que es justo, defender la verdad y defender lo que es correcto. Es entender lo que dijo Jesús cuando declaró: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mateo 5:6). “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia” (Mateo 5:10). “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” (Mateo 5:11). 

Jesús dijo en Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” ¡Tenemos que ser valientes! No podemos retirarnos o abandonar lo que hemos creído por temor o por vergüenza. Jesús dijo, “Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” (Mateo 5:12).

Tenemos que ser la sal y la luz del mundo. Tenemos que cambiar el mundo donde vivimos, no ser cambiados por él. Jeremías 15:19b dice “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” Tenemos que hacer lo que la sal debe hacer -  dar sabor con la Palabra y preservar los principios establecidos por Dios. Tenemos que hacer lo que la luz debe hacer – alumbrar y guiar al mundo perdido en tinieblas a la salvación y vida que es en Cristo.

Si no lo hacemos entonces no servimos para nada.  

Es hora que despertemos y nos demos cuenta que hemos sido llamados para ser la diferencia, hemos sido llamados para testificar al mundo que Cristo puede transformar las vidas de aquellos que lo buscan de corazón. Es necesario que nos levantemos y mostremos con nuestras actitudes, con nuestra forma de hablar y de vivir que somos hijos e hijas de Dios.

Pidámosle al Señor que ponga en nuestros corazones un deseo y una determinación de vivir cada día de nuestra existencia recordando que hemos sido llamados a hacer sal y luz.

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16)

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