Colosenses 3:23-24 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.” (RVR1960)

 

El servir en la obra del Señor es a la vez un privilegio y una bendición para la vida de los creyentes. Es un privilegio porque Dios nos da la oportunidad de servirle, de ser herramientas para poder hacer algo para ayudar, para contribuir, en el engrandecimiento y expansión de Su Obra en la tierra. Es una bendición, porque al servirle nos mantenemos ocupados en nuestro llamamiento y tenemos la promesa de nunca caer y alcanzar la recompensa. Usted nunca debe decir que no sirve. Para Dios todos sirven (aunque no todos para lo mismo). Pero, todos sí tienen una función importante (vital) en la obra del Señor.

Piense en esto - si Dios pudo usar un simple gallo para recuperar un misionero como Pedro, también puede usarle a usted.  ¿Podemos aprender algo del gallo? Quiero compartir las siete reglas del gallo con usted.

1. El gallo se levanta temprano e inmediatamente emprende su tarea que Dios le ha confiado.

2. El gallo no se niega a cantar porque existan ruiseñores que cantan mejor. El gallo hace lo que puede y lo mejor que pueda.

3. El gallo sigue cacareando aunque nadie lo anime ni se lo agradezca. En realidad, él no espera que nadie lo haga.

4. El gallo despierta a los que duermen. Su tarea es impopular, pero muy necesaria. No es popular, sin embargo, lo hace con agrado y constancia.

5. El gallo proclama buenas noticias: Acaba de amanecer – difunde con su canto y le dice a todos. Ante usted tiene por estrenar un nuevo día, lleno de magníficas oportunidades.

6. El gallo es fiel cumplidor de su tarea. Se puede contar con él, no falla nunca. ¡Es un excelente centinela!

7. El gallo nunca se queja de tener que hacer siempre lo mismo. Nunca se queja de que nadie le felicite. Nunca se queja de que nadie le recompense. Nunca se queja de que a nadie le importe. No lo hace para nadie, sino que lo hace para Dios.

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra.” (2 Crónicas 15:7).

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