Jesús, El Pan de Vida


Juan 6:25-35 RV1960


25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.


Durante cientos de años y en muchos países diferentes, el pan ha sido el alimento básico e integral para las familias.  Es por eso que la palabra "pan" tiene un fuerte valor simbólico, ante todo para las personas que han conocido privaciones (necesidad/faltas).  Otra palabra que resuena profundamente en nosotros es "vida", no sólo la de nuestro cuerpo físico, sino también la de nuestro espíritu.  Todos deseamos una vida que tenga sentido, que sea próspera y útil. En el aspecto espiritual, Jesús reúne la fuerza de estas dos palabras.

Él es el "pan de vida" (Juan 6:35); aquel del cual uno se alimenta para no desfallecer, y quien da la vida que viene de Dios y que seguirá por la eternidad.

Después de haber declarado que él es el pan de vida, Jesús agrega: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero." (Juan 6:54). Este lenguaje figurativo (simbólico) significa que aquel que se apropia de los resultados de la muerte de Cristo en la cruz tiene una nueva relación con Dios: es hecho su hijo por la eternidad.

Luego, el creyente debe alimentarse de la Palabra de Dios para conocer sus pensamientos y gustar de su amor. Jesús dijo: "El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." (Juan 6:63).  Los alimentos mantienen nuestro cuerpo y lo renuevan; y las palabras de Jesús nutren nuestro espíritu de él mismo.  Él nos comunica su vida y poco a poco nos transforma en su imagen: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor." (2 Corintios 3:18).

Que podamos decir como el profeta Jeremías: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos". (Jeremías 15:16)

 

Jesús dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre;
y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. - Juan 6:35

 

Pastor Gabriel Mejias
Iglesia Hispana Plymouth Meeting
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